No era la primera vez que se mudaba de ciudad, pero esta vez habÃa algo distinto: la mudanza no era solo por el trabajo de su madre ni por otro intento de empezar de cero. Era él quien, por primera vez, sentÃa el impulso de elegir. HabÃa solicitado una plaza en la preparatoria técnica de la capital para estudiar diseño industrial; no era exactamente la carrera de los sueños que uno pronuncia en voz alta, pero sà la que le permitÃa conservar la sensación de crear, de moldear ideas con manos y mente. QuerÃa demostrar—primero a sà mismo—que sus historias podÃan sostenerse fuera del borde de la hoja.
Una noche de lluvia intensa, el grupo se reunió en el taller hasta tarde. Entre charlas sobre materiales y risas, surgió la idea de una exposición abierta al barrio. QuerÃan mostrar lo que hacÃan no solo a la escuela sino a la gente de la ciudad: instalar prototipos en la plaza, invitar a que probaran, recoger reacciones. Kazuya propuso instalar mesas modulares que facilitaran la comida compartida, integradas con pequeñas historias narradas en placas. Pensó en poner ilustraciones en las tapas, en códigos QR que llevaran a relatos cortos sobre las personas que imaginaba. La propuesta ganó apoyo. Fue la primera vez que su trabajo se pensó no solo como objeto sino como puente hacia otros. shounen ga otona capitulo 1 cap 1
Esa noche, al volver a la pensión, Kazuya se detuvo frente a la ventana y miró la ciudad iluminada. Pensó en los errores, en las noches sin dormir, en los elogios y las correcciones. Sintió que algo dentro de él habÃa avanzado un paso: la sensación de que la creatividad también exige responsabilidad, que crear para los demás significa querer entenderlos. No fue una epifanÃa dramática; más bien una suma de pequeñas certezas que, juntas, empezaban a formar una nueva postura ante la vida. No era la primera vez que se mudaba